30 / 01 / 2026
Pablo Álvarez – CIPER
“El asunto es que el discurso de Carney es certero, valiente y preciso, pero no es novedoso. En el Norte Global estaban esperando un líder así, al parecer, pero no es el líder del mundo libre como quieren algunos hacerlo ver. No nos engañemos: el orden liberal basado en reglas siempre sirvió a las sociedades del Norte Global. Para los países del tercer mundo esas reglas no aplicaban. Cuando se inauguró la conferencia de países de África y Asia en Bandung en el año 1955, uno de los reclamos de estos países, antiguas colonias europeas, era que las reglas de la comunidad internacional no se estaban aplicando de forma democrática para todos. Uno de los 10 puntos de su declaración final era el respeto para la soberanía y la integridad territorial de todas las naciones y otro era el reconocimiento de la igualdad de todas las razas y de todas las naciones, grandes y pequeñas. Lo que estaban haciendo estos países recién descolonizados era demandar que los principios de la Ilustración, principios que hoy se denominan liberales y que regían las relaciones internacionales entre países civilizados, no regían la relación entre Occidente y el Tercer Mundo”.
“El destacado intelectual palestino Edward Said, en su libro Cultura e Imperialismo, señala que las voces del Tercer Mundo siempre estuvieron ahí, solo que los colonialistas no las escuchaban, no podrían haberlas escuchado, porque no estaban dispuestos a entender que los colonizados podían decir algo que no fuera lo que el colonialista les dijera que debían decir. Mark Carney dio un discurso certero en Davos porque señaló con precisión que el orden global está en un momento de ruptura por culpa de la actitud de bully de Trump. Pero no nos engañemos: las sociedades del Sur Global vienen denunciando el bullying del Norte Global desde hace décadas. Si Canadá y los países europeos quieren inaugurar un nuevo orden, en este momento de ruptura, que recupere los valores de seguridad colectiva basados en reglas, entonces deben hacer un autoexamen y asumir que ellos mismos quebraron ese orden cuantas veces les fue necesario para preservar sus estilos de vida imperial”.