28 / 09 / 2026
El director de la Escuela de Historia UDP reflexionó, a partir del concepto de “ciudad letrada” de Ángel Rama, sobre la deslegitimación de las instituciones vinculadas a la producción de conocimiento y los desafíos que este fenómeno plantea para la democracia.
Cristián Castro, director de la Escuela de Historia de la Universidad Diego Portales, publicó en Le Monde diplomatique la columna “El fin de la ciudad letrada”, en la que retoma el concepto desarrollado por el intelectual uruguayo Ángel Rama para analizar las actuales disputas en torno a la autoridad del conocimiento. “La disputa ya no se limita a discutir qué ideas son correctas: se extiende a cuestionar si existe alguna autoridad capaz de distinguir entre ideas correctas e incorrectas”, sostuvo.
El historiador plantea que universidades, científicos, periodistas y otros actores vinculados a la producción de conocimiento han sido objeto de cuestionamientos que buscan presentarlos como parte de una élite enfrentada a la ciudadanía. En este escenario, advierte sobre el desplazamiento de los mecanismos tradicionales de legitimación: “El experto, con sus matices y sus dudas metodológicas, cede terreno frente al influencer político, que ofrece certezas inmediatas y no rinde cuentas ante ningún par”.
Castro también aborda las razones que han contribuido a generar desconfianza hacia el mundo académico y reconoce que algunas críticas tienen antecedentes en las propias instituciones. “Parte de esa desconfianza tiene raíces reales: una universidad que en no pocos casos ha sido efectivamente homogénea en lo ideológico, elitista en sus formas y distante de amplios sectores de la sociedad a la que dice servir”, señaló.
Finalmente, el académico reflexiona sobre la importancia de preservar espacios e instituciones capaces de establecer criterios compartidos para la producción y circulación del conocimiento. “Defender la ciudad letrada hoy no significa preservar privilegios intelectuales ni restaurar viejas jerarquías culturales. Significa proteger las instituciones capaces de distinguir, con todos sus errores y limitaciones, entre conocimiento y opinión, entre evidencia y propaganda”, concluyó.
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