08 / 05 / 2026
Pablo Álvarez – La Tercera
“Hay una cierta convergencia en ambos conflictos, se interconectan y tiene mucho que ver con la situación geopolítica global, ¿no? O sea, grandes potencias que están en pugna por la hegemonía global. Pero al mismo tiempo una convergencia entre ambos conflictos, que ha quedado claro en estos cuatro años de conflicto en Ucrania y ya muchos años en conflicto en el Medio Oriente, es que tiene que haber un paso de una parte, podríamos decir propiamente militar del conflicto, a una más política. Cuestión que en este momento me parece que en ambos casos está un poco interrumpida, o sea, como que la fase política, digamos, del conflicto está al debe, creo yo. Y claro, desde el punto de vista militar, hay un cierto estancamiento. En ambos casos, en el caso de Rusia, uno diría, es una gran potencia militar, es una enorme potencia geopolítica, podría haber arrasado con Ucrania, que quizás es lo que pensaron en su momento, y se estancó el conflicto, en Ucrania.
Y algo similar ha pasado con Estados Unidos, una potencia que tiene un poderío aéreo y un poderío naval tremendamente sofisticado, pero así todo no pudo cumplir, digamos, con todo su objetivo. Objetivos muy difusos por lo demás”.
“Hay dos cosas. Uno es como la evaluación que haría el votante norteamericano respecto de qué tan confiable es su presidente. O sea, si cumple con lo que dice, dijo que iba a ser una guerra corta, no lo ha sido, y eso, bueno, tendría que evaluarlo los votantes norteamericanos. Pero, por otra parte, es lo que sucede con todas las elecciones a nivel global. Nunca las elecciones se deciden por asuntos exteriores. Las relaciones exteriores, en general, no tienden a decidir las elecciones, son los asuntos internos. Ahora, ¿cómo se conecta la cuestión externa con la cuestión interna? A través de la economía, el encarecimiento de la vida, y eso ya está sucediendo. Entonces, el votante norteamericano va a tomar en consideración que las cosas se le están encareciendo y eso se suponía que era uno de los puntos fuertes de Trump. En su primera presidencia había habido pleno empleo, etcétera. Pero antes de la pandemia, antes de la guerra en el Medio Oriente, ahora está enfrentando esta situación. ¿Cómo va a responder? Y siento que está respondiendo mal”.
“Es súper complejo porque ninguna de las alternativas más fáciles de auscultar es realmente buena para los Estados Unidos. O sea, salir ahora del conflicto es como una demostración de que en el fondo. Es absolutamente ineficiente. Queda exactamente igual que como quedó antes. ¿Y qué significaría eso para la relación con Israel? Porque en el fondo es súper claro que fue Israel el que llevó a Estados Unidos a la guerra en Irán. Y más que aval, porque en el fondo terminó atacando igual que Israel. Pero es muy poco probable que en el fondo esta situación, ya que no solamente de tensión, directamente guerra, lleve a una escalada y que Estados Unidos decida enviar tropas, por ejemplo. Porque eso ya sería definitivamente una capitulación de ciertos principios que el mismo Donald Trump había establecido en su campaña. Él iba a ser un presidente de la paz, no de la guerra. Entonces, ambas alternativas son malas: retirarse y meterse de lleno. Pero me parece que la primera alternativa es quizás la mejor, en el sentido de que, de alguna manera, puede seguir profitando del mensaje de que en el fondo ganó militarmente”.