29 / 09 / 2026
Cristián Castro, director de la Escuela de Historia de la Universidad Diego Portales, publicó un artículo en Perspectives on History, destacada revista de divulgación de la American Historical Association, en el que aborda el desarrollo de la sismología moderna desde una perspectiva transnacional. La investigación cuestiona la idea de que el conocimiento científico se produjo principalmente en Europa para luego difundirse hacia otras regiones y sitúa a la Cuenca del Pacífico —particularmente Chile, Japón y California— como un espacio central en la construcción de conocimiento sobre los terremotos.
La investigación comenzó en 2010, cuando Castro se encontraba trabajando en la Bancroft Library de la Universidad de California, Berkeley, para su tesis doctoral. Allí encontró un texto presentado en Londres en 1907 por el geólogo estadounidense Warren Upham, quien comparaba los terremotos ocurridos un año antes en San Francisco y Valparaíso. El documento despertó una pregunta que el historiador retomaría años después y que ampliaría hasta abarcar la Cuenca del Pacífico, llevándolo en 2019 a realizar una estadía de investigación en el Earthquake Research Institute de la Universidad de Tokio.
“El hallazgo principal es que la sismología moderna no nació en Europa para luego difundirse a la periferia. Se construyó a lo largo de la Cuenca del Pacífico, particularmente en California, Chile y Japón”, explicó Castro. Según el académico, la recurrencia e intensidad de los terremotos convirtió a territorios tradicionalmente considerados periféricos en espacios privilegiados para observar estos fenómenos y producir conocimiento científico. “Mi tesis es que el Pacífico se convirtió en centro no a pesar de su inestabilidad, sino gracias a ella. Desde su origen, la sismología moderna fue una empresa transpacífica y hemisférica”, sostuvo.
En esta historia, Chile ocupa un lugar relevante. Tras el terremoto de Valparaíso de 1906, en 1908 se creó un servicio sismológico nacional en la Universidad de Chile, destinado a recopilar, analizar y difundir información sobre la actividad sísmica del país. Décadas después, el terremoto de Valdivia de 1960, de magnitud 9,5, permitió realizar observaciones fundamentales para el estudio del comportamiento de la Tierra. Para Castro, estos antecedentes muestran que “Chile no fue un simple receptor de ciencia extranjera, sino productor de datos, instituciones y científicos en una red que ningún país podría haber construido solo”.
El artículo también reconstruye la circulación de científicos, instrumentos, métodos y datos entre distintos puntos del Pacífico. Uno de los principales nodos de esta red fue el Instituto de Tecnología de California (Caltech), donde se formaron y colaboraron investigadores japoneses, chilenos y estadounidenses. Entre estas conexiones se encuentra la influencia del método desarrollado por el científico japonés Kiyoo Wadati en la escala de magnitud elaborada posteriormente por Beno Gutenberg y Charles Richter, así como la trayectoria del geofísico Cinna Lomnitz, quien se formó en Caltech y regresó a Chile para dirigir un instituto de geofísica en la Universidad de Chile.
Desde esta perspectiva, la investigación propone pensar el llamado “Pacífico sísmico” no solo como una región caracterizada por una intensa actividad geológica, sino también como un espacio histórico de producción y circulación de conocimiento. “Seguir la circulación de personas, instrumentos y saberes no es lo mismo que hacer una historia amarrada a la lógica del Estado-nación: exige preguntas amplias y archivos en distintos países, y eso toma tiempo. Pero es justamente ese trabajo el que permite ver que el conocimiento, como los terremotos, no respeta fronteras”, señaló Castro. La investigación continúa actualmente como parte de un proyecto mayor para un libro sobre la historia global del nacimiento de la sismología moderna.
La publicación también representa un hito para el académico y la Escuela de Historia UDP. Castro destacó que Perspectives on History permite que una investigación desarrollada desde Santiago y con Chile como uno de sus ejes llegue a una comunidad internacional de historiadores. “Para la Escuela de Historia UDP es una señal de que desde Chile se puede producir historia global de primer nivel y participar plenamente en las grandes discusiones historiográficas internacionales”, afirmó. En esa línea, agregó que el objetivo es que las y los estudiantes comprendan que preguntas surgidas de la experiencia local “pueden transformarse en investigación que dialoga con el mundo”